sábado, 4 de diciembre de 2010

Corazonzillo

plantas magicas
Desde tiempos inmemoriales, el corazoncillo tiene reputación de ahuyentar el mal y los demonios. Normalmente era recogido el día del solsticio de verano, el 21 de junio, que corresponde al período de su floración, y se recomendaba llevarlo encima ese día para obtener el favor de los dioses. Esta tradición, que se remonta a la Antigüedad, se conservó durante la Edad Media, y se confunde más tarde con una cristianización del ritual. Así, dicha noche se puede recoger también la «verbena» o «hierba de San Juan», nombre que alude a Juan Bautista, «el Enviado de Dios», y que es celebrado pocos días más tarde, el 24 de junio, según el calendario general de la Iglesia romana. El corazoncillo se distingue porque sus hojas, que rodean a sus flores provistas de cinco pétalos amarillo oro, parecen repletas de miles de pequeños puntos negros, los cuales son, de hecho, innumerables glandulillas secretoras. Contienen una esencia antiséptica que obra maravillas en los tratamientos de heridas, equimosis; úlceras, quemaduras y todas las afecciones cutáneas y neuralgias reumáticas. Para ello, hay que dejar macerar las flores y las hojas frescas de corazoncillo que, por supuesto, se recomienda recoger el día del solsticio de verano, y guardar en una mezcla de aceite de oliva y vino blanco, durante 5 días. Pero éstas no son las únicas virtudes del corazoncillo, sino que también posee propiedades estimulantes y digestivas, astringentes, es decir, que favorecen la contracción de los tejidos y las mucosas, y aperitivas, es decir, que devuelven el apetito y fortalecen las funciones estomacales, además de ser febrífugas, vermífugas y diuréticas. Lo cual significa que el corazoncillo, en infusión, cura la bronquitis y el asma, combate la fiebre, descongestiona el hígado y el estómago y agudiza el apetito. Se trata de una planta milagrosa que nos da el jardín de la naturaleza.

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